Aprender a conocer

Cuatro pilares de la educación en el siglo XXI

Reflexión sobre el Informe Delors* en tiempos de pandemia PARTE II

Conocido como el Informe Delors, “La Educación encierra un tesoro” fue publicado en 1996 como resultado de un estudio sobre la perspectiva de la educación en el mundo de cara al siglo XXI impulsada por la UNESCO y liderada por el político francés Jaques Delors. Este informe resalta la función de la educación como instrumento para que la humanidad progrese hacia unos ideales de paz, libertad y justicia social, los primeros pasos hacia la sustentabilidad por medio de la educación.

El primer pilar que propone el Informe Delors es:

Aprender a conocer.

Desde el comienzo de su actuación, los miembros de la Comisión fueron conscientes de que, en esta nueva era, la educación debería llevar a cada persona a descubrir, despertar e incrementar sus posibilidades creativas, actualizando así su potencial humano, lo cual supone trascender una visión puramente instrumental de la educación, para considerar su función en toda su plenitud, una visión integral donde el proceso educativo va mucho más allá de la experiencia escolarizada.

Aprender a conocer consiste para cada persona en aprender a comprender el entorno, con el fin, de lograr conocer, descubrir y comprender el mundo complejo y diverso que le rodea. Cultivar el incremento del saber, lo cual favorece el despertar de la curiosidad intelectual, estimula el sentido crítico y permite descifrar la realidad, adquiriendo al mismo tiempo una autonomía de juicio.

En este sentido, el contacto con la realidad resulta indispensable. Aprender para conocer supone, en primer término, aprender a aprender, ejercitando la atención, la memoria y el pensamiento en todas las etapas de la vida.

En las sociedades dominadas por la imagen y la inmediatez de los medios, un reto importante como educadores es lograr ejercitar y aprender a concentrar la atención en las cosas y en personas sin distracciones.

Estar en lo que se está y hacer lo que se hace. (Budismo zen)

Este proceso de descubrimiento, requiere una permanencia y una profundización de la información captada y muchas veces las dinámicas ágiles e inmediatas que vivimos en la actualidad no dan espacio para la asimilación. Observar el contexto y tener contacto con la realidad permite sacar provecho de múltiples ocasiones de la vida para poner atención: juegos, visitas a empresas y lugares públicos, viajes, trabajos prácticos, proyectos vinculados, interacción con actores de la comunidad, etc.

Hoy en día, a pesar de las limitantes de la educación en línea por la emergencia sanitaria causada por el Coronavirus, gracias a la conectividad tecnológica, tenemos muchas oportunidades para acercar distintas realidades a nuestro propia casa, aún aquellas que están a kilómetros de distancia o en otros continentes.

Como ya lo he mencionado en otras ocasiones, vivimos en una sociedad polarizada, muchas veces intolerante y desigual. La única forma de cambiar eso, mas allá de la teoría y el activismo pasivo, es asumir la responsabilidad de acercarnos e involucrarnos junto con los otros (alumnos, hijos, empleados, colegas, pares) en todo tipo de experiencias y contextos que la comunidad nos ofrece… y pensar en alternativas.

Una pregunta que se hacen los jóvenes diseñadores con frecuencia es, si realmente pueden impactar realidades que corresponden a otras áreas que desde lejos resultan abstractas y complejas: política, social, económica, medioambiental, científica… Los conocimientos adquiridos de manera abstracta o teórica nos alejan de estas realidades y por lo tanto no es fácil encontrar soluciones en las que podamos realmente impactar como individuos (en mi caso diseñadores) dada su complejidad. Pero si, en lugar de iniciar con lo teórico y abstracto, nos acercamos a espacios que nos permitan observar las distintas realidades, experimentarlas y comprenderlas para luego hacer las preguntas correctas, la perspectiva cambia, y esto aplica para cualquiera, basta que esté interesado.

Si yo pudiera transformar la realidad que observo desde mi lugar ¿qué haría?

Al conocer de cerca las distintas realidades que nos rodean, —visitándolas, conviviendo con sus actores, consumiendo sus productos, caminando sus calles, sintiéndolas y analizando la teoría que hay al respecto— podemos descubrirlas como realmente son, observar y comprender; empatizar. Lo extraño, lo desconocido, aquello que lo hace diferente o incomprensible deja de ser algo lejano que leemos en los libros de texto, documentos académicos o noticias, se vuelve parte de nosotros, aunque sea distinto, porque lo asimilamos.

Nos apropiamos de esas realidades, porque conforman nuestro entorno aunque no lo habitemos.

Esto nos acerca un poco más, a la posibilidad de lograr mediante la conciencia cívica y la responsabilidad colectiva —actuando desde nuestro lugar, en concreto, con las herramientas y posibilidades que cada quien tiene—, las transformaciones necesarias para vivir el mundo que anhelamos.

*Delors, J. (1996.): “Los cuatro pilares de la educación” en La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI, Madrid, España: Santillana/UNESCO. pp. 91-103.

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